miércoles, 29 de febrero de 2012

Tic,tac, tic,tac, ...

Carl Honore en Elogio a la lentitud escribe: "en las etapas finales antes de la extenuación, a menudo la gente acelera para no enfrentarse a su desdicha" y cita a Kundera "nuestra época está obsesionada por el deseo de olvidar y, ..., se entrega al demonio de la velocidad; acelera el ritmo para mostrarnos que ya no desea ser recordada, que está cansada de sí misma, que quiere apagar la minúscula y temblorosa llama de la memoria".

En nuestra cultura el tiempo es lineal, progresivo y por lo tanto no tiene demasiado interés en mirar atrás. El discurso histórico puede convertirse en una herramienta política, o para ser más preciso de uso político. En otras culturas la concepción temporal es cíclica. La lógica del tiempo natural prevalece, pero el modelo que se impone todos sabemos cual es. Sino que se lo pregunten a la sociedad japonesa.

Yo acelere actividad hace un tiempo y estoy extenuado,  pero he decidido frenar y tratar de salir del cansancio despacio. Ahora el bloqueo es una consecuencia directa del cambio de velocidad y la falta de imputs diarios.

Por otro lado mi deformación académica me obliga a no olvidar. La memoria es una herramienta útil y necesaria. Un anclaje en estos tiempos de caída libre.



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